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Claveles Salvajes - Capítulo 4.

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  Claveles Salvajes Por: Dirk Kelly  Capítulo IV –  La sangre no se lava con agua bendita Un par de días despues... La noche se rompió como una vasija de barro al chocar contra la piedra. Desde las colinas, surgieron gritos en castellano, bengalas rojas, y el retumbar de arcabuces encendió la selva como si el infierno hubiese abierto una de sus puertas. Era un ataque. Soldados españoles —quizás desertores, tal vez cipayos al servicio de Solange— descendían en pequeñas barcas por el costado norte de Meanguera, en dirección a la bahía donde Aidan y Luca guardaban provisiones. El conde saltó del catre sin camisa, espada en mano, el torso marcado por viejas cicatrices y un presentimiento amargo. Luca ya se había atado el cinturón y bajaba los escalones con la ligereza de un felino. —¡Son ocho, tal vez diez! —gritó—. Y buscan algo. O alguien. —¡O a mí! —dijo Aidan, con la voz áspera. Luca volteó y sonrió en plena penumbra. —Vaya. Al menos eres popular entre los que no te desea...

Claveles Salvajes - Capítulo 3.

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Claveles Salvajes Por: Dirk Kelly  Capítulo III –  El calor no miente La noche había caído sobre Meanguera del Golfo con la espesura de una cortina húmeda. La isla —perla ignorada entre volcanes y océano— dormitaba entre cigarras y rumores. Desde su descubrimiento, Meanguera había sido punto estratégico para vigías y contrabandistas. En 1805, aún era dominio español, aunque sus playas eran holladas por lenguas distintas: inglés, holandés, garífuna y náhuatl. Y en esa mezcla de imperios y ambiciones, el conde Aidan Wexford no era más que una sombra fugitiva. —¿Por qué aún no nos hemos marchado, milord? —preguntó Luca desde la hamaca tejida en el umbral de la cabaña. Su voz era un ronroneo, apenas audible entre el crujir de la selva. Aidan, sentado sobre una roca, descalzo, con el cabello húmedo por el baño nocturno, alzó la mirada. —Porque tengo enemigos en ambos continentes, Van Der Veer. Y porque en Meanguera... aún no me han intentado envenenar. Luca giró para observarlo. —¿...

Claveles Salvajes - Capítulo 2.

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Claveles Salvajes Por: Dirk Kelly  Capítulo II –  La mujer de la goleta negra Isla Meanguera del Golfo, El Salvador, junio de 1805. El alba rompía lenta sobre las aguas calmas del Golfo de Fonseca, pintando de oro los filos de la jungla espesa. Meanguera, pequeña joya isleña bajo dominio de la Corona Española, era desde hacía décadas un lugar de paso para corsarios, comerciantes de cacao, eclesiásticos y soldados de fortuna. En el corazón de esa isla, la humedad no solo calaba en los huesos, sino en la conciencia. Todo parecía fermentarse con lentitud: el ron, los secretos, el deseo. Aidan Wexford, noble exiliado, se hallaba en la cima del peñón de Santa Isabel, contemplando el horizonte. Sus botas polvorientas y su camisa aún manchada de mar eran el uniforme de un hombre que no pertenecía ni a la isla ni a su pasado. Detrás de él, Luca Van Der Veer trepaba la cuesta como una fiera en celo con músculos tallados en mármol vivo. —Milord... —dijo con tono burlón—. El vigía afirma...

Claveles Salvajes - Capítulo 1.

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Claveles Salvajes Por: Dirk Kelly  Capítulo I –  El naufragio y los músculos 1805. Isla Meanguera del Golfo, Pacífico salvadoreño. Antes de que el hierro europeo herrara estas arenas, antes de que el nombre del obispo Fonseca se susurrara entre las palmeras, la isla ya tenía alma.  Los lencas la llamaron  Meanguera , la  Ciudad de los Chalchihuites , un reino de esmeraldas ocultas donde el sol y el mar celebraban un matrimonio eterno. En 1522, el navegante Andrés Niño la bautizó bajo el nombre de una mujer, Petronila , intentando cubrir con seda española una tierra que siempre fue de piel cobriza y voluntad salvaje. Pero el nombre de la sobrina del obispo se desvaneció con la marea, devolviéndole a la isla su nombre verdadero, aquel que sabe a sal y a selva virgen. Meanguera no es solo tierra; es un testigo silencioso. Sus costas han visto las sombras de naves piratas —los ecos de Drake y Cavendish aún vibran en los acantilados— y sus vientos han arrastrado el o...

Valentine Love - Capítulo 3.

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  Valentine Love Por: Dirk Kelly   "El amor nunca muere de hambre, sino de saciedad; y lo que lo alimenta es siempre el misterio."          — Anaïs Nin, autora  de  relatos eróticos confesionales (1903 - 1977). Capítulo 3:    El Valentine Desde la noche del 1 de febrero, Andrea Limantour había sentido cómo su cuerpo se transformaba. Cada encuentro con Elías Thorne , el brujo celta que aparecía en sus sueños, era un rito íntimo: deseo sexual más allá de la carne, placer y orgasmos que se volvían una revelación. Cada madrugada despertaba con el cuerpo sudoroso, la piel encendida, y una serenidad que nunca había conocido. El equipo de Love Lub lo notó desde el día 2. Andrea irradiaba un brillo distinto, un carisma que no podía fingirse. Sus ojos tenían una intensidad nueva, su sonrisa era más abierta, su postura más segura. Las cámaras la adoraban. Los spots publicitarios se volvieron magnéticos, y cada video que estrenaban er...

Valentine Love - Capítulo 2.

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Valentine Love Por: Dirk Kelly   " El cuerpo es un instrumento delicado, un templo donde el deseo se convierte en una revelación."             — Anaïs Nin, autora  de  relatos eróticos confesionales (1903 - 1977). Capítulo 2:   La llegada a Thornewood El 1 de febrero amaneció con un cielo gris y una niebla espesa que abrazaba los bosques de Prescott. El camino hacia Cabañas Thornewood parecía un pasaje entre mundos: árboles altos, ramas desnudas, hojas secas que crujían bajo los neumáticos de la camioneta que transportaba al equipo de Love Lub . Andrea Limantour viajaba con ellos, mirando por la ventana, pensativa. Su cuerpo estaba preparado, su mente aún no. Las cabañas aparecieron como un espejismo: madera oscura, techos inclinados, chimeneas que exhalaban humo lento. El resort tenía un aire ancestral, como si cada piedra y cada tronco guardaran secretos. Andrea sintió un escalofrío, no de frío, sino de reconocimiento...

Valentine Love - Capítulo 1.

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Valentine Love Por: Dirk Kelly “ El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía.”               — Anaïs Nin, autora  de  relatos eróticos confesionales (1903 - 1977). Capítulo 1: El recuerdo del linaje y Andrea en Reels On Inicios de enero de 2023. El bosque de Prescott estaba inmóvil, cubierto por una escarcha que parecía cristalizar los suspiros del pasado. Entre los árboles altos, donde la niebla se enredaba como un velo, caminaba Elías Thorne , aún vestido como peregrino, con sombrero negro y abrigo largo. Su andar era silencioso, pero cada paso resonaba con siglos de memoria. Recordaba Salem. Recordaba la soga áspera en su cuello, el murmullo de los jueces, el grito de los fanáticos que lo llamaban brujo. Recordaba el fuego en sus venas, no de miedo, sino de amor. Porque mientras lo colgaban, su pensamiento no estaba en la muerte, sino en Maeve , su esposa embarazada, huyendo co...