Claveles Salvajes - Capítulo 3.
Claveles Salvajes Por: Dirk Kelly Capítulo III – El calor no miente La noche había caído sobre Meanguera del Golfo con la espesura de una cortina húmeda. La isla —perla ignorada entre volcanes y océano— dormitaba entre cigarras y rumores. Desde su descubrimiento, Meanguera había sido punto estratégico para vigías y contrabandistas. En 1805, aún era dominio español, aunque sus playas eran holladas por lenguas distintas: inglés, holandés, garífuna y náhuatl. Y en esa mezcla de imperios y ambiciones, el conde Aidan Wexford no era más que una sombra fugitiva. —¿Por qué aún no nos hemos marchado, milord? —preguntó Luca desde la hamaca tejida en el umbral de la cabaña. Su voz era un ronroneo, apenas audible entre el crujir de la selva. Aidan, sentado sobre una roca, descalzo, con el cabello húmedo por el baño nocturno, alzó la mirada. —Porque tengo enemigos en ambos continentes, Van Der Veer. Y porque en Meanguera... aún no me han intentado envenenar. Luca giró para observarlo. —¿...