Claveles Salvajes - Capítulo 4.
Claveles Salvajes Por: Dirk Kelly Capítulo IV – La sangre no se lava con agua bendita Un par de días despues... La noche se rompió como una vasija de barro al chocar contra la piedra. Desde las colinas, surgieron gritos en castellano, bengalas rojas, y el retumbar de arcabuces encendió la selva como si el infierno hubiese abierto una de sus puertas. Era un ataque. Soldados españoles —quizás desertores, tal vez cipayos al servicio de Solange— descendían en pequeñas barcas por el costado norte de Meanguera, en dirección a la bahía donde Aidan y Luca guardaban provisiones. El conde saltó del catre sin camisa, espada en mano, el torso marcado por viejas cicatrices y un presentimiento amargo. Luca ya se había atado el cinturón y bajaba los escalones con la ligereza de un felino. —¡Son ocho, tal vez diez! —gritó—. Y buscan algo. O alguien. —¡O a mí! —dijo Aidan, con la voz áspera. Luca volteó y sonrió en plena penumbra. —Vaya. Al menos eres popular entre los que no te desea...