Sombras de Nashville - Capítulo 6.
Sombras de Nashville
Por: Dirk Kelly
Capítulo 6 – Ecos del Pasado
La lluvia caía con fuerza sobre Nashville, cada gota un golpe más en la ciudad que nunca dormía, ni siquiera cuando la oscuridad parecía tragársela toda. En su vieja y elegante casa de ladrillo rojo, Timothy Jameson repasaba fotografías amarillentas y cartas olvidadas, recuerdos de un pasado que le había marcado para siempre.
Su rostro se tensó mientras miraba una imagen desvaída de tres jóvenes músicos: él, Jon y Sienna, años atrás, antes de que las heridas se convirtieran en grietas insalvables.
—Éramos hermanos —murmuró con amargura—. Hermanos que compartían sueños... y una promesa.
La verdad era que Timothy no solo sentía rencor: se sentía traicionado.
Años atrás, ellos tres habían formado una banda, un trío que soñaba con conquistar Nashville. Pero la ambición y las dudas empezaron a carcomer la amistad. Una noche, durante una discusión acalorada, un accidente terminó en tragedia: Travis Dean, un amigo músico cercano a los tres, murió en un incendio provocado sin intención pero con consecuencias devastadoras.
Jon y Sienna habían decidido callar, proteger sus carreras, esconder la verdad. Timothy, sin embargo, había sido señalado injustamente como responsable y excluido del círculo que antes había sido su familia.
—Me dejaron caer, me hundieron en la oscuridad para brillar ellos —dijo con voz áspera—. Y ahora... voy a hacer que paguen.
Mientras hablaba con el eco de sus propios demonios, su mirada se volvió fría y calculadora. Cada movimiento de Jon y Sienna desde entonces había sido vigilado, analizado. Cada éxito, una herida abierta en su orgullo.
—Esta ciudad escucha sus canciones, pero no sabe el precio que se pagó —pensó Timothy—. Y yo seré quien les recuerde que la música también puede ser un arma.
Apagó las luces y tomó su guitarra, una nueva melodía nacía en su mente: una canción que no solo cantaría su venganza, sino que sería el preludio del final para Jon y Sienna.
Mientras tanto la lluvia seguía golpeando los cristales del departamento de Jon, una melodía incesante que parecía marcar el pulso acelerado de sus vidas. La noche era fría, pero la atmósfera dentro era todo lo contrario.
Jon y Sienna se encontraban acurrucados en el sofá, rodeados de cajas sin desempacar y partituras dispersas por el suelo. La tensión que Timothy había sembrado en sus días se había colado también en sus noches, pero ellos habían decidido no dejar que el miedo los consumiera.
—A veces siento que todo esto es una canción con un estribillo interminable —murmuró Sienna, rozando con la yema de los dedos la mandíbula de Jon.
Él la miró con esa mezcla de deseo y protección que siempre la hacía derretirse.
—Entonces hagamos que esta noche sea el verso más dulce —susurró él, deslizando una mano por su espalda hasta atrapar su cintura.
Sus labios se encontraron con hambre contenida, un fuego que parecía desafiar la tormenta afuera. La música estaba en ellos, pero aquella noche no eran solo las notas las que vibraban, sino cada caricia, cada suspiro.
Sienna dejó caer la cabeza sobre el pecho de Jon, escuchando el latido fuerte y firme que la calmaba.
—No dejaremos que Timothy nos destruya —dijo con voz baja, decidida—. Somos más fuertes que sus sombras.
Jon la sostuvo con fuerza, su piel rozando la de ella, recordándole que en medio del caos aún podían encontrar refugio el uno en el otro.
—Y no importa lo que haga —replicó él—, esta es nuestra historia. Nadie más la va a escribir.
La noche se tornó un refugio de cuerpos entrelazados y promesas silenciosas, una pausa momentánea en la guerra invisible que libraban. Cada beso era una reafirmación, cada suspiro un pacto.
Afuera, Nashville seguía girando, con sus luces, sus secretos y su música. Pero adentro, entre Jon y Sienna, ardía una llama que ni la tormenta más feroz podría apagar.
Continuará...

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