Valentine Love - Capítulo 2.
Valentine Love
Por: Dirk Kelly
Capítulo 2: La llegada a Thornewood
El 1 de febrero amaneció con un cielo gris y una niebla espesa que abrazaba los bosques de Prescott. El camino hacia Cabañas Thornewood parecía un pasaje entre mundos: árboles altos, ramas desnudas, hojas secas que crujían bajo los neumáticos de la camioneta que transportaba al equipo de Love Lub. Andrea Limantour viajaba con ellos, mirando por la ventana, pensativa. Su cuerpo estaba preparado, su mente aún no.
Las cabañas aparecieron como un espejismo: madera oscura, techos inclinados, chimeneas que exhalaban humo lento. El resort tenía un aire ancestral, como si cada piedra y cada tronco guardaran secretos. Andrea sintió un escalofrío, no de frío, sino de reconocimiento. Algo en el lugar la llamaba.
Mientras el equipo descargaba cámaras y vestuarios, Camila y Mateo se conectaron por videollamada con Leo, el representante de Arnold y Andrea. Camila sostenía su iPad, Mateo se inclinaba a su lado, y Leo aparecía en la pantalla desde su oficina, con papeles y contratos apilados detrás de él.
—Leo, ¿seguro que Arnold no puede sumarse? —preguntó Camila, con un tono de frustración.
—Imposible —respondió Leo, ajustándose los lentes—. Tiene compromisos con otras marcas de fitness. Está en una gira de promociones y no puede dividirse.
Mateo intervino, con voz más pragmática:
—Lo entiendo. Pero Andrea está funcionando mejor de lo que esperábamos. Tiene fuerza, tiene carisma. Y lo que más importa: genera conversación.
Leo asintió.
—Arnold fue perfecto para Halloween Love, pero Andrea puede serlo para Valentine Love. Su imagen rompe prejuicios, y eso es lo que necesitamos.
Camila sonrió, convencida.
—Entonces no es un reemplazo. Es otra historia. Y quizá más poderosa.
La llamada terminó. Andrea, que había escuchado fragmentos desde la distancia, se sintió observada. Sabía que la campaña dependía de ella. Y aunque su cuerpo era admirado, también era juzgado. Esa dualidad la acompañaba como una sombra.
Esa noche, en su cabaña, encendió la chimenea y se recostó desnuda bajo las mantas. El silencio era profundo, interrumpido solo por el crujir de la leña. Cerró los ojos, y el sueño llegó como un río oscuro.
En la penumbra del bosque, Elias Thorne apareció. Su figura era la misma que Arnold había visto meses atrás: peregrino, sombrero negro, mirada intensa. Andrea lo reconoció sin saber cómo.
—Sé lo que te atormenta —dijo Elias, con voz suave—. No es tu cuerpo. Es tu miedo.
Andrea lo miró, vulnerable. Desde adolescente había cargado con la sombra de la frigidez, con la incapacidad de entregarse por completo al placer sexual. Elias se acercó, no con las manos, sino con la presencia. La envolvió en un calor que no era sólo físico, sino espiritual.
El sueño se volvió carnal, con gran excitación. Era deseo más allá de la carne, placer que nacía en el alma. Andrea sintió que las cadenas invisibles se rompían, que los prejuicios se disolvían, que su cuerpo respondía con una libertad que nunca había conocido. Llego al orgasmo por primera vez en mucho tiempo.
Al despertar, estaba sudando, pero no había angustia. Había paz. Y algo más: un brillo nuevo en su mirada.
El bosque la había elegido. Elías la había tocado.
Y Valentine Love apenas comenzaba.
Continuará...

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