Valentine Love - Capítulo 1.
Valentine Love
Por: Dirk Kelly
Capítulo 1: El recuerdo del linaje y Andrea en Reels On
Inicios de enero de 2023. El bosque de Prescott estaba inmóvil, cubierto por una escarcha que parecía cristalizar los suspiros del pasado. Entre los árboles altos, donde la niebla se enredaba como un velo, caminaba Elías Thorne, aún vestido como peregrino, con sombrero negro y abrigo largo. Su andar era silencioso, pero cada paso resonaba con siglos de memoria.
Recordaba Salem. Recordaba la soga áspera en su cuello, el murmullo de los jueces, el grito de los fanáticos que lo llamaban brujo. Recordaba el fuego en sus venas, no de miedo, sino de amor. Porque mientras lo colgaban, su pensamiento no estaba en la muerte, sino en Maeve, su esposa embarazada, huyendo con su hermana Brigid entre sombras y antorchas.
El odio del pueblo no pudo alcanzarlas. Maeve sobrevivió. Brigid la protegió. Y el linaje siguió su curso.
El 14 de febrero de aquel año, mientras Salem aún celebraba su crueldad, Maeve dio a luz a Brandon, hijo de Elías. Aunque su cuerpo ya estaba muerto, su espíritu estuvo allí, presente en la habitación humilde donde las dos mujeres lloraban de alivio. Elias acarició el aire, dio paz a Maeve, fortaleza a Brigid, y bendijo al niño con la certeza de que el amor puede sobrevivir incluso a la muerte.
Desde entonces, cada San Valentín era para Elias un recordatorio. No de la soga, ni del odio, sino del nacimiento. Del amor que se abre paso entre la violencia. Del deseo que se convierte en linaje.
Ahora, siglos después, Elias seguía caminando entre los árboles de Cabañas Thornewood, guardando la memoria de Brandon y de todos sus descendientes. El bosque era su refugio, su santuario, su herencia. Y aunque los huéspedes llegaban buscando descanso o placer, algunos encontraban más: un encuentro con lo invisible, un roce con lo eterno.
Arnold Vega había sido uno de ellos, meses atrás, en octubre. Elias lo había amado en sueños, lo había guiado hacia la aceptación de sí mismo, y lo había dejado más radiante que nunca. Pero ahora, en febrero, otra alma se acercaba. Una mujer fuerte, deseada y juzgada, que aún cargaba con cadenas invisibles.
Elias lo sabía. El bosque lo sabía.
Y el próximo 14 de febrero, cuando una vez más el velo entre mundos se adelgazaría, él volvería a ser amante, guardián y revelación.
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Finales de enero de 2023. El aire en Phoenix era seco, pero dentro de los estudios Reels On la atmósfera estaba cargada de luces, cámaras y expectativas. El equipo de Love Lub había comenzado la producción de su nueva campaña: Valentine Love, pensada para mujeres solteras que buscaban amor o romance sexual en San Valentín, siempre con la protección de sus condones.
En el centro del set estaba Andrea Limantour, modelo de fitness y fisicoculturismo femenino. Su cuerpo era una escultura viviente: glúteos firmes, piernas poderosas, abdomen definido, brazos musculosos pero aún delicados en su proporción. Cada movimiento suyo era una declaración de fuerza y sensualidad, y los fotógrafos no podían evitar fijarse en ella.
Las cámaras capturaban su silueta con precisión. Andrea posaba con seguridad, consciente de que su cuerpo era protagonista, pero también de que su imagen generaba controversia. En un mundo que aún discutía los límites de la feminidad, ella encarnaba la tensión entre lo tradicional y lo nuevo.
Uno de los fotógrafos, Gabriel, mientras ajustaba el lente, murmuró al otro con una mezcla de admiración y prejuicio:
—Qué buen culo… lástima que en lo demás parece hombre.
El otro, Ethan, sorprendido, lo miró fijamente y respondió con calma:
—¿Pero la musculatura y el fitness también son cosa de mujeres, ¿o no?
El silencio que siguió fue incómodo, pero revelador. Andrea, aunque no escuchó las palabras, parecía intuirlas. Su mirada se endureció por un instante, y luego se suavizó. Ella sabía que su cuerpo era campo de batalla: admirado por unos, cuestionado por otros. Pero también sabía que su fuerza era su verdad.
Mateo y Camila, del departamento de marketing, observaban desde la esquina. Veían más allá de los prejuicios. Para ellos, Andrea era perfecta: magnética, segura, capaz de encarnar la campaña con autenticidad. Cada toma era un triunfo. Cada gesto, un desafío a los estándares.
La jornada terminó con risas, ajustes de vestuario y planes para la siguiente semana en Cabañas Thornewood, donde la campaña se trasladaría para aprovechar el misterio del bosque y la calidez de las cabañas. Andrea se retiró cansada, pero satisfecha. Su cuerpo había hablado. Su imagen había impactado.
Esa noche, al cerrar los ojos en su habitación de hotel, no soñó aún con Elías Thorne. Pero el bosque ya la esperaba. Y el brujo, guardián del linaje, sabía que pronto tendría que ayudarla a romper cadenas más invisibles que cualquier prejuicio externo.
Continuará...

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