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Un Italiano en Francia - Capítulo 3.

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Un Italiano en Francia Por: Dirk Kelly Capítulo III:  La noche de los corredores vacíos La tormenta cayó sobre Versalles como un presagio. El cielo, encendido de relámpagos, parecía anunciar que el mármol del palacio pronto se quebraría. Los cortesanos se agolparon en los salones dorados, refugiados entre carcajadas, música y copas rebosantes de vino. Pero más allá de esas salas, los corredores estaban desiertos, cubiertos de sombras danzantes que las velas apenas lograban apartar. Fue allí donde Piero encontró a Fedora. Ella caminaba con un candelabro entre manos, la llama temblando como su propia respiración. La lluvia golpeaba contra los ventanales con un murmullo casi humano. —¿No temes a la tormenta? —preguntó él, su voz ronca en la penumbra. Fedora lo miró, y en ese instante el resplandor del rayo iluminó su rostro: la piel tersa, los labios entreabiertos, los ojos que ya no sabían disimular. —Temo más a otras cosas que a la tormenta —susurró ella. El silencio posterior fue a...

Un Italiano en Francia - Capítulo 2.

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  Un Italiano en Francia Por: Dirk Kelly Capítulo II:  Espejos y Susurros Versalles era un palacio de espejos. No solo los que colgaban en las galerías infinitas, rodeados de candelabros, sino también los que nadie miraba: fragmentos escondidos en gabinetes privados, pequeños óvalos de mano olvidados en los tocadores, cristales empañados por el aliento de amantes furtivos. Todos ellos parecían guardar memorias ajenas, como si la piedra misma de aquel lugar respirara secretos. Piero Bonetti lo comprendió pronto. Cada vez que cruzaba un pasillo solitario, creía sentir que alguien lo observaba desde detrás del vidrio. Y sin embargo, no era miedo lo que lo invadía, sino una inquietud placentera, una vibración en la piel semejante al deseo reprimido. Fedora aparecía siempre en los lugares donde menos se esperaba: doblando la esquina de un corredor vacío, descendiendo las escaleras con un candelabro en la mano, atravesando con rapidez una galería desierta. Cada encuentro era breve, ...

Un Italiano en Francia - Capítulo 1.

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Un Italiano en Francia Por: Dirk Kelly Capítulo I:  El  huésped de mármol Versalles, Francia, 1789. Dos meses antes de la Revolución. El palacio de Versalles aún resplandecía con su fulgor dorado, aunque en los corredores alfombrados de seda ya se percibía el temblor de un mundo que pronto caería. Bajo los techos pintados de dioses y musas, la nobleza francesa no pensaba en revoluciones ni en hambre, sino en cuerpos, perfumes y jadeos; en los juegos políticos y de poder... y placer... Juegos voluptuosos que corrían de alcoba en alcoba como secretos disfrazados de máscaras. El comercio, sin embargo, no se detenía. A la sombra de candelabros encendidos, hombres de Italia, Flandes y España ofrecían sus telas como quien ofrece tesoros de otra era. Entre ellos, Piero, joven mercader italiano de mirada oscura y barba y cabellos dorados, llegaba a Versalles con bultos de lino, terciopelo y brocados teñidos con los tonos de un otoño perpetuo. Sus textiles no solo vestían a damas y cab...

El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa - Capítulo 5.

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El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa.                      Por: Dirk Kelly Capítulo V:  El Altar de la Sangre y la Flor de los Deseos. Las campanas de la iglesia no repicaban desde la muerte de Cedric Blackthorne. Nadie se atrevía a tocarlas, como si temieran que su sonido atrajera más desgracias. En la casa de los Thorne, la tensión era casi palpable: los ojos de Clarimond estaban más oscuros, más húmedos, más llenos de una extraña melancolía… y su sombra parecía separarse un poco de su cuerpo al caer la tarde. Angela, por su parte, no podía dejar de pensar en lo ocurrido. Cada vez que cerraba los ojos, sentía en los labios la tibia y suave piel de los pechos de su prima. Recordaba con espeluznante nitidez el momento en que la vio entrelazada con Carmilla, jadeante, perdida, convertida en una ofrenda de deseo y sumisión. Esa noche, al volver a su alcoba, Angela estaba alterada, su cuerpo vibrando con una mezcla de de...

El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa - Capítulo 4.

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  El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa.                      Por: Dirk Kelly Capítulo IV:  La Abadía, la Sangre y la Tentación. La bruma se había espesado tanto en Whitby que las farolas nocturnas parecían flotantes luciérnagas atrapadas entre gasas húmedas. El mar, invisible desde el acantilado, golpeaba con fuerza pero sin forma, como un animal ciego y furioso. Jonathan se cubrió con su capa de lana y ajustó la cruz de Winston Wycliffe sobre su pecho. Había decidido acudir solo a la abadía en ruinas que dominaba la costa desde las alturas, esa que los aldeanos evitaban incluso a plena luz del día. Decían que los muertos hablaban allí. Que la tierra estaba hueca, como si contuviera algo enterrado pero aún vivo. Mientras tanto en el castillo de Carmilla, Angela cuidaba a Clarimond, quien había comenzado a palidecer con un ritmo alarmante. Había perdido apetito, sus párpados estaban siempre pesados, y cada noche d...

El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa - Capítulo 3.

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  El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa.                      Por: Dirk Kelly Capítulo III:   La bruma tiene labios. El fuego crepitaba en la chimenea de piedra, pero el calor apenas tocaba las esquinas húmedas del castillo de Carmilla. La neblina no se levantaba desde hacía tres días, y los candelabros parecían velas funerarias prendidas en homenaje a una tierra dormida. Jonathan Thorne recorría los pasillos oscuros del ala este con la inquietud adherida a los hombros. Había comenzado a notar cosas. Portones que crujían sin viento, susurros al doblar una esquina, sombras que no coincidían con cuerpo alguno. En su pecho llevaba colgado un crucifijo que Lord Winston Wycliffe le había dado antes de partir de Dorset. Lo recordaba ahora con cariño… y cierta melancolía. Winston Wycliffe, protector y benefactor, había sido más que un noble amable: había sido el último bastión de un linaje ancestral. “Nuestro deber ...

El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa - Capítulo 2.

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El Granjero, la Hija del Vizconde y la Condesa.                      Por: Dirk Kelly Capítulo II:   Bruma sobre los Acantilados de Whitby El mar se agitaba como un animal antiguo bajo las fauces del cielo gris. Las colinas que rodeaban Whitby estaban cubiertas por una niebla densa que no se levantaba ni al amanecer. El carruaje crujía sobre la tierra húmeda, y cada vuelta del camino parecía conducirlos más lejos del mundo que habían conocido. Angela observaba los faroles apagarse a su paso como si los fantasmas de la noche se burlaran de la luz. Jonathan, con las manos firmes en sus rodillas y los ojos alerta, no había pronunciado palabra desde que cruzaron el puente de piedra que marcaba la entrada al condado. A su lado, Clarimond mantenía la vista fija en el paisaje. Se la veía extrañamente serena, como si la cercanía de Whitby calmara algo que llevaba latiendo inquieto en su interior desde niña. Su rostro parecía más bl...